Este poemario no es una receta para la vida, sino una invitación, a través de su lectura, a abrir un espacio donde habita la duda, a aceptar los miedos, las pérdidas y las rutinas que, a veces, se vuelven grietas, a reconciliarse con la soledad, con el cuerpo, con la sombra, con los días que no brillan, pero también cuentan, a atreverse a comenzar de cero, o desde el mismo punto donde una vez nos detuvimos. Porque vivir también es esto.
En cada verso aquí escrito, toda yo levanto los brazos y saludo al Universo, agradeciendo la vida que, a veces, me rompe, me destruye y, otras tantas, me despierta y me empuja hacia la búsqueda de instantes felices y una paz duradera.