Un zumbido de Messenger como reclamo.
Un seudónimo escogido por ti que acabó diciendo demasiado de mí.
Un foro en el que refugiarse.
Un estado invisible que decía mucho más de lo que parecía.
Las calles de Salamanca, recorridas hasta encontrar el punto donde encontrarse.
Un balcón que no daba a ninguna parte y, aun así, parecía abrirlo todo.
Las ojeras la única prueba de todo lo que dijimos mientras el mundo dormía.
Una canción capaz de devolverte a una época entera.
Una entrada por valor de un abrazo capaz de congelar el tiempo.
Una amistad animal, de esas que no necesitan palabras para quedarse.
Las piezas de todo lo que fui mientras aprendía a ser.
